Los inconformes

(Gran paréntesis sobre la charla que tuvimos llegando a Fitz Roy el día 25 de noviembre de 2019)

“Saltarle a la vida, como un león” (Haroldo Conti)

Las fronteras, ese anacrónico pedazo de pasado que separa, nos escinde del otro. Alguien, alguna vez, decidió que el país A solo era soberano hasta el límite con B. Puso duras restricciones, principalmente al intercambio de mercancías, pero alcanzaron de igual manera a las personas. Luego, otro proclamó la “libre circulación de mercancías” y nos conectamos con el mundo, pudimos comprar cortaplumas chinas, pero no podíamos viajar de A a B sin visa. La gente aún seguía limitada. Hoy, que el libre comercio destruye los países que pretendía dinamizar, el darwinismo se sigue aplicando en la economía cada vez que hablamos de países “desarrollados” y en “vías de…” (Por no decir “subdesarrollados” que suena feo y poco vendible). La gran mayoría de los países del mundo terminaron siendo de 4ta y sus pasaportes solo sirven para viajar “sin restricciones” (nótese las comillas) a países similares. Para ingresar a un país de mayor jerarquía se debe demostrar que uno está a su altura.

Ese modelo es justamente el que hoy están en crisis, ese es el modelo que no puede contener el inconformismo. El último gran movimiento hacía el big brother no puede con algunos que no queremos (y principalmente no creemos) las fronteras de forma tan estricta. Somos ciudadanos del mundo e hijos bastardos de la globalización que no para de homogeneizar personas a través de los mass media. Nos obligaron a una vida de “estudiar, trabajar, comprar una casa en infinitas cuotas, tener familia, jubilarse y morir”. Un modelo que obligaba a caminar ciegos: trabaje, descanse algunas horas, y siga así, hasta morir.

Hoy que la “superpoblación” es un tema instalado, el precio subjetivo de los terrenos se dispara por las nubes y a pesar de que existe lugar para todos, no hubo lugar para nosotros, los que vivimos sobre ruedas. Y si tenemos que trabajar para intentar vivir sin siquiera vivir, entonces ¿Para que hacerlo de forma lineal, tan estricta, tan esforzadamente estéril? Si la proclama sesentista era “la solución es el amor” hoy además creemos que es soñar, moverse y compartir. Y por qué no soñar con un mundo más libre donde la camaradería, la solidaridad y el contacto con el otro sea esencial. Donde el patio de la casa sean cientos de lugares y se pueda disfrutar de la libertad de elegir en cuál playa bañarse o en cual glaciar quedarse sin aliento… Un mundo sin espacio, porque todo el mundo es el espacio.

Y allí es donde el mundo en el que vivíamos termina quedando ilógicamente chico, donde el capitalismo que todo avasalla, se queda sin oxígeno y responde torpemente (Por ahora, pero hay que cuidarse…). Pueden controlar la economía y los medios de comunicación, pero no pueden contra un movimiento disperso que se mueve a su antojo y que, irónicamente, se organiza usando las redes que ellos mismos controlan. No somos turistas, somos espíritus inconformes que hemos recuperado la humana capacidad de soñar, movernos y compartir.

One thought on “Los inconformes

  1. Excelente! Me representa en muchísimos aspectos. Esta gran maquinaria cree que los sueños estan muertos, más ocurre todo lo contrario… sólo hay que despertarlos del gran letargo de la siesta capitalista.
    Me encanta lo que leo cuando actualizan alguna red social. Sigan por el camino de los buenos que seguro nos encontramos! Un fuerte abrazo!

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