Solo se transforma ¡Adiós Evita!

Hace un par de días vendimos a “Evita”, nuestro primer motorhome.

A pocos meses de iniciar nuestro viaje largo, en la lista de tareas teníamos pendiente resolver el tema de la trafic. La habíamos puesto en venta hace un año y medio atrás; fueron a verla muchas personas, muchas veces; nos ofrecieron permutas, otros nos pedían que sacáramos todo el equipamiento de adentro porque la querían para transportar carga, hacer fletes, etc. Por distintos motivos nunca se concretaba la venta y confiamos que se iría en el momento oportuno con quien se debiera ir…

Por lo general en una venta/compra uno entrega una objeto/dinero a cambio de dinero/objeto. Una simple transacción. Un intercambio físico habitual en el mundo en el que vivimos. Pero en este caso, todo fue distinto. Una relación comercial se transformó en el comienzo de una relación humana: un cruce de caminos en este viaje de vida.

Cuando eso ocurre, entonces no incurrimos en una transacción, sino en algo más parecido a lo que sucede cuando transformamos distintos tipos de energías: por ejemplo cuando convertimos la energía eólica del viento en energía eléctrica. Eso es una transformación. Lo mismo nos pasó con Evita, fue un intercambio de energías con beneficio mutuo que se dio porque personas con ideas similares se encontraron.
Nos dimos cuenta, una vez más, que los sueños y las ganas de cambiar, de moverse, de crecer, son los motores que mueven al mundo y permiten los encuentros.

Hoy despedimos a una integrante importante de nuestra historia que más que casa y vehículo ha sido nuestro hogar: armada desde cero por nosotros mismos, vivimos en ella los tres (Ale, Kar y Calafate) durante 2 años. Al recorrer en ella el sur de la mítica ruta 40, la totalidad de las rutas complementarias de Tierra del Fuego y parte del sur de Chile, supimos que tenemos la opción de vivir de otra forma y aprendimos día a día que menos es más en todas sus formas.

En el camino, Evita se nos quedó chica por la llegada del nuevo integrante del equipo: nuestro amado hijo Ewan. Y así fue que los cambios empezaron a aparecer y con ellos, un tal Daniel, que nos vendió a Anulén (Sprinter del 98’y hogar actual y, por supuesto otra historia…).

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